jueves, 9 de febrero de 2012

El ataque de los mosquetones


Se conocieron hace un par de días, en principio son un par de amigos; pero cuando él se presento en su casa sin ningún buen motivo, solo para pasar el rato, ella ya se olía algo.

Estuvieron hablando sobre esto y aquello tanto tiempo que se quedaron dormidos.

Ella se despertó en mitad de la noche al notar una mano que le acariciaba la espalda. Al levantar la mirada, sus ojos. Fue suficiente para que ambos acabaran siendo un amasijo de manos, piernas, besos, caricias,...
A la mañana siguiente, se despertaron por el ruido de la puerta de la habitación al abrirse. Ella intento cubrirle con todos los peluches que tenía en su cama; pero él se levanto sin pensarlo.
-Señorita Samuels, como puede traer a hombres a casa y dejarlos en su cama toda la noche- dijo el ama de llaves con el ceño fruncido. -Si sus padres se enteran tendrá graves problemas-.
-Lo sé, solo nos quedamos dormidos hablando. No tiene que preocuparse por nada- respondió ella.

Tan rápido como pudieron, se vistieron y se fueron de la casa, evitando al resto de los habitantes de la misma.
El la llevo a su casa: un piso enorme que se encontraba encima del restaurante de su familia. Subieron a su habitación para que él se pudiera cambiar de ropa. 
Empezaron a hacer el tonto como cualquier pareja haría, persiguiéndose por toda la habitación.
-Sabes una cosa, creo que esto me va a gustar- le dijo él. -Sí, yo también lo creo; va a ser muy divertido- y le beso.
Al cabo de un tiempo, aparecen todos sus amigos. Estaba tan atontada que no se había dado cuenta de la hora. 14:40. Mierda, su examen empezaba a las 14.30 y tardaba una hora en llegar. Estaba claro que iba a Julio, y por eso decidió quedarse allí con ellos.

Al bajar a la calle, pasaron por el salón comedor del restaurante. Qué raro en esa mesa estaba Taylor con sus dos amiguitos: Gabe y el otro que parece más listo. Están lanzando mosquetones atados a una cuerda y quitándoles cosas de la mesa al resto de clientes. En el otro lado esta Pacht con su familia y Betty con sus amigas. En realidad, todos sus compañeros de clase están allí comiendo.

De repente, se da cuenta de que James le he tirado uno de esos mosquetones. Y como en un ataque de locura todas las personas de esa sala se dedican a tirarse mosquetones atados a una cuerda entre sí.
Ella todavía confundida, se agarra al brazo de él. Se dan un beso. Y al levantar la cabeza, esa cara de curiosidad. No es la primera vez que la ve, pero no llega a entender que quiere decir.
Como pensado para romper el momento, tan repentinamente como comenzó el caos, todos se giraron para lanzarle un mosquetón a ella. Según se acercaba la lluvia de metal y cuerda, podía oír una alarma. Iba a ser doloroso, pero abrió los ojos.

Mierda. El despertador.

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